Historias de Mena

Parte de los ejércitos de operaciones y reserva en Mena (25-26/04/1836)

La Acción de El Berrón. Panel ubicado en El Berrón (Burgos) dentro de la ruta "Las Guerras Carlistas" impulsado por la Concejalía de Turismo del Valle de Mena.

25 de Abril de 1836.
Panel ubicado en El Berrón (Burgos) dentro de la ruta «Las Guerras Carlistas» impulsado por la Concejalía de Turismo del Valle de Mena.

El general en jefe de los ejércitos de operaciones y reserva desde su cuartel general de Espejo con fecha del 7 dice lo que sigue:

Tengo la honra de pasar a manos de V. E. para el conocimiento de S. M. y su debida publicidad, los partes relativos a las acciones que tan honrosamente sostuvieron las armas de S. M. bajo la dirección de los dignísimos jefes el general D. Joaquín Ezpeleta y el brigadier D. Santiago Méndez Vigo contra dobles fuerzas enemigas; y ruego a V. E. que en este como en todos los casos se sirva dar publicidad a los estados de fuerza, porque con la frecuente omisión de ella se ha dado margen a acreditar los rumores y ridículos partes de nuestros enemigos, los cuales no llamaré jamás con impropiedad exajerados, teniendo nombres más propios que les presta lo absurdo y lo ridículo.

Yo puedo asegurar a V. E. bajo mi palabra de honor que en ningún caso he ocultado ni disminuido mis pérdidas de un solo hombre, y que al estimar las del enemigo tomo por tipo los cálculos más moderados, o las relaciones de los mismos paisanos, que ciertamente no son sospechosos de parcialidad a nuestro favor.

Los encuentros de dichos días 25 y 26, y particularmente el primero, aunque las tropas de S. M. se hayan replegado hasta la posición que convenía a su general para combatir a fuerzas tan superiores, las encuentro gloriosas para nuestras armas, y honrosas para los jefes que mandaban a aquellas, y por tales los estimo dignos de la gratitud de S. M. Si Eguía no hubiese retrogradado con precipitación al saber con la velocidad de siempre mi movimiento sobre Murguía, habría pagado caros el 27 sus intentos. Yo emprendí el mío sin noticia ni antecedente de lo que pasaba, y por un presentimiento, que ya lo hubiera decidido la víspera con un resultado felicísimo, si la llegada de la columna portuguesa a Vitoria no me hubiera inducido a diferir una operación que en el fondo no reposaba sino en lo que vulgarmente se llama una corazonada, por la misma que hacía tres días estaba escribiendo al general Ezpeleta, que sospechaba que Eguía, aparentando otros intentos, tenía el proyecto de atacarle.

Sé que en estos sucesos, como en tantos otros, la opinión pública se ha extraviado en esa capital, y ciertamente, si sobre las dificultades naturales de la guerra, se crean por nosotros mismos otras tan imaginarias y gratuitas, el mando de las armas se hará, de dificilísimo que es ya, completamente imposible sin poderes sobrenaturales. Este es mal de gran peso y trascendencia, y que a la previsión y esfuerzo del Gobierno es solo dado el evitar en todo o parte, apreciándolo en gran valor y mucha importancia.

 

Copias que se citan.

 

Cuerpo de ejército de reserva. = Plana mayor. = 3ª sección. = Excmo. Sr.: Como tuve el honor de decir a V. E. en mi comunicación del 26 por hallarme yo imposibilita­do de ponerme al frente de las tropas, resigné el mando de ellas y le di mis instrucciones al distinguido brigadier D. Santiago Méndez Vigo, quien con fecha del mismo 26 me dio el parte que a la letra copio.

Excmo. Sr.: En cumplimiento de la orden que a media noche recibí de V. E. para defender esta posición, si los enemigos me atacaban hoy, dispuse que al toque de diana saliesen los cuerpos a ocuparla, colocándolos según me pareció más conveniente: al mismo tiempo di orden al brigadier D . José Peón para que hiciese marchar al batallón de Betanzos al pueblo de Medianas, y que la fuerza de los de Castilla y 2.° de línea, que tenía consigo, se situaran en Mercadillo y Entrambasaguas, con el objeto de cubrir mi derecha y retaguardia, y las avenidas al valle de Mena desde Arciniega por Viérgol y Montiano; y como dicho brigadier se me ofreció á quedarse a mi lado, acepté con particular complacencia su oferta , seguro de los buenos oficios que podía prestarme con sus luces y experiencia.

No bien había pasado media hora después de amanecido, cuando, recibí un aviso urgente del brigadier Montenegro, que quedó acantonado en los pueblos de Gijano y Santecilla, que forman los primeros escalones de esta posición, de que los enemigos habían puesto en movimiento algunas de sus fuerzas, y que las guerrillas se hallaban empeñadas. Dirigiéndose allí y practicado un reconocimiento, observé; que las tenían todas desplegadas entre el pueblo de El Berrón y el de Antuñano, ocupando con sus columnas las alturas de este pueblo, el de Bortedo y del dicho el Berrón, desde donde solo habían desprendido unas compañías para tirotearse con las guerrillas nuestras. Hice por lo tanto que se suspendiese el fuego, porque hallándome falto de municiones, podía esta circunstancia comprometer el éxito del combate si, como parecía, se empeñaba este. Mas antes de ejecutar esta orden, fue preciso recuperar el pueblo de Santecilla, del que ya se habían apoderado los enemigos cuando las compañías de Soria que habían pernoctado en él, salieron a tomar posición en  la altura que lo domina. Al efecto me dirigí a aquel paraje y di las ordenes convenientes; al brigadier Montenegro para que así se ejecutara. Arrojados los enemigos de las casas y tapias de dicho pueblo, cuya ocupación, ejecutó el capitán de granaderos de Soria D. N. Andía saltando solo el primero dichas tapias, continuaron aquellos un vivo fuego en las alturas y vallados inmediatos; y aunque después, durante el día, reforzados por dos batallones, intentaron por dos veces apoderarse de él, las acertadas disposiciones tomadas por el valiente brigadier Montenegro que con el regimiento de granaderos provinciales de su digno mando sostenía aquel punto, y la firmeza con que le defendió y conservó el coronel primer comandante de este Real cuerpo D. Vicente de Castro, que relevó con su batallón las compañías de Soria, hicieron renunciar al enemigo de su intento, quedando bien escarmentado por la pérdida que ha debido experimentar, teniendo que presentarse al descubierto a estos ataques.

Por mi izquierda y frente quisieron varias veces desalojar sus guerrillas de las tapias del pueblo de Gijano, pero al ver la firmeza de las tres compañías de Soria y dos de granaderos provinciales, que después reforcé con las dos de preferencia del regimiento de Zaragoza, que habían llegado de Balmaseda anoche por la izquierda del Berrón, tuvieron igual resultado sus tentativas por esta parte, debido en mucho al valor y actividad del coronel jefe de plana mayor de este cuerpo de ejército D. José de Cova, del de la 2ª división D. Manuel Justis, y de mis ayudantes de órdenes D. Carlos Quirós, teniente del primer regimiento de la Guardia de infantería, y D. Antonio Arias, del de granaderos provinciales, que en diferentes ocasiones comunicaron mis órdenes a aquel punto.

Todo el día se pasó en estos combates parciales, que en mi opinión solo tuvieron por objeto entretener mis fuerzas, mientras se dirigían sobre Balmaseda con una pequeña parte de las suyas para hacer un reconocimiento sin duda, pues se oyó fuego, aunque corto, durante toda la tarde, o bien con el de atraerme a las posiciones, que siendo tan respetables y defendidas por fuerzas tan superiores, hubieran hecho pagar caro mi atrevimiento o imprudencia.

El brigadier D. Saturnino Abuín con los 60 caballos que tenia consigo, permaneció también a mi lado todo el día, dispuesto a repetir con este corto número de valientes las brillantes cargas de la tarde anterior delante de Antuñano.

Debo mucho a los brigadieres Montenegro y Peón, a los oficiales de P. M. y ayudantes de órdenes D. José de Cova, D. Manuel de Justis, D. José González Zabala, D. Fausto Elío, D, Juan Antonio Martínez, D. Cayo Muso, D. Carlos Quirós, D. Ramón Iriarte, alférez del primer regimiento, y al teniente y alférez de granaderos provinciales D. Antonio Arias y D. José Perona, y al teniente de Soria D. José Colubi, que fueron mis ayudantes de órdenes en estos días, y a quienes deseo que S. M. se digne darles las gracias por su: comportamiento en esta acción, así como el grado inmediato al capitán de granaderos del primer batallón de Soria D. N. Andía que dejo indicado. Dios guarde a V. E. muchos años.

La Nava 26 de Abril de 1836. = Santiago Méndez Vigo. = Excmo. Señor comandante general en jefe del cuerpo del ejército de reserva.

Y al trasmitir a V. E. el expresado parte tengo el honor de incluirle el estado de la pérdida de nuestras tropas, que consiste en un oficial y un soldado muertos, 2 oficiales y 24 individuos de tropa heridos, uno de aquellos y 5 de estos contusos, pudiendo asegurar a V. E. que según noticias tuvieron los rebeldes gran número de muertos, y que solo en una casa del Berrón curaron 61 heridos; y por consiguiente debe haber sido muy considerable la suya; además se le hicieron 2 prisioneros, que heridos fueron conducidos al hospital de Medina de Pomar.

El valor, inteligencia, actividad y celo que ha desplegado en esta acción, como en todas, el distinguido brigadier D. Santiago Méndez Vigo, me hacen recomendarle de nuevo a V. E., por si se digna hacerlo a S. M., y proponerle para el premio a que le considere acreedor. Dios guarde a V. E. muchos años.

Cuartel general de Villasana de Mena 29 de Abril de 1836. = Excmo. Sr. = Joaquín de Ezpeleta. = Excmo. Sr. general en jefe de los ejércitos de operaciones y reserva.

 

El Excmo. Sr. comandante general del cuerpo de ejército de reserva en oficio de 29 del mes último desde Villasana me dice lo que sigue:

Excmo. Sr.: Según tuve el honor de anunciar a V. E. en 25 del corriente, cuando las tropas de mi mando acababan de combatir con gloria y honor de nuestras armas en los campos de Orrantia y Antuñano contra fuerzas considerablemente superiores, referiré a V. E. los detalles de aquel hecho, aunque acaso no sea con la extensión y exactitud que deseara por la movilidad de las tropas, su actitud para nuevos combates por tres días consecutivos, y demás urgentes atenciones que lo impiden, y son propias de casos semejantes. A las siete de la mañana del mismo día dieron parte los puestos avanzados de Balmaseda que se presentaban algunos grupos enemigos a corta distancia por el camino de Zalla. Fueron reconocidos de mi orden por el coronel jefe de día D. Juan de Cárdenas, y por mi ayudante de campo el teniente coronel graduado D. Ramón Boigues; y aunque asegurado posteriormente por mí mismo de que su corta fuerza no podía dar ningún cuidado, previne a los brigadieres Vigo y Peón que estuviesen prontos para acudir adonde fuese necesario, por sí la intención del enemigo era ocultar su movimiento sobre alguna de nuestras posiciones de la segunda Brigada. Como a las diez y media me avisó el brigadier Vigo que los enemigos en fuerza se dirigían desde Arciniega por Sta. Coloma y San Pelayo sobre Orrantia y Antuñano.

Estos dos puntos avanzados de la 2ª división eran los que yo había designado previamente para esperar al enemigo en caso de ataque, y se hallaban ocupados, el primero por el primer batallón del primer regimiento de la Guardia Real de infantería al mando de su bizarro primer comandante D. Luis Rasety, y el segundo por 5 compañías del regimiento de Soria al de su digno comandante el coronel D. Antonio Oro.

El coronel Rasety me envió a pocos momentos un parte verbal de que era atacado por 5 batallones. Al primer aviso dispuse en el momento que quedando el coronel D. José María Quintana con los batallones de Granada, parte de los de la Reina y Logroño, y destacamentos de obreros para la defensa de Balmaseda, se dirigiese prontamente el brigadier Peón con los batallones de Castilla, Betanzos y compañía de preferencia de la Reina sobre Antuñano por el camino recto que conduce a la izquierda de aquel pueblo para flanquear la derecha del enemigo; mas hallando yo a pocos momentos interceptado este camino que se halla dominado por fuertes posiciones, me vi obligado a retroceder con mi P. M. y ayudantes para ir por el Berrón, y envié la orden al brigadier Peón de que marchase por este pueblo y situase sus tropas en las posiciones avanzadas del mismo, para sostener o segundar en caso necesario las fuerzas empeñadas de la 2ª división.

A mi llegada al campo de batalla a las doce del día ya las fuerzas muy superiores enemigas habían obligado a nuestras tropas a evacuar los pueblos de Orrantia y Antuñano, y el brigadier Vigo con el acierto y actividad que le distinguen había dictado las disposiciones convenientes, reforzando los puntos empeñados de nuestra línea, con el segundo batallón del primer regimiento de la Guardia Real de infantería, dirigido por sus dignos comandantes D. Joaquín de Medinilla y D. Federico Roncalí, y con el resto de Soria por su acreditado coronel D. José María Puig: igualmente había ordenado a 3 compañías del primer regimiento de la Guardia diesen una carga de bayoneta al enemigo, la cual proporcionó a las compañías de Soria el ocupar la posición que habían tenido que dejar, y que fue preciso ceder últimamente a la considerable superioridad de fuerzas con que cargaron de nuevo los rebeldes, adelantando también por el camino de Gordejuela ,con el doble objeto de arrollar nuestra izquierda. En este momento llegaba el brigadier Montenegro con su regimiento de granaderos de la Guardia Real provincial que había tenido que venir desde Viérgol una hora distante del campo de la acción, y dispuse se situase apoyando nuestra derecha. La artillería de montaña se situó en dos alturas que descubrían casi todas las posiciones enemigas para sacar todo el partido que ofrece la buena dirección de esta arma.

A pocos momentos llegó el brigadier Peón, y le señalé también el punto conveniente para servir de reserva a la segunda división. Los 60 caballos del regimiento del Príncipe, 3.° de línea, y del 3.° ligero, a las órdenes del brigadier Abuín, se hallaban igualmente en posición de proteger, según permitiese el terreno, los movimientos de nuestra infantería. En este estado cada uno combatió en su puesto, sostuvo su posición, y rivalizó en valor y disciplina, rechazando con firmeza la multitud de ataques que los rebeldes dirigieron, aunque en vano, sobre varios puntos de nuestra línea, y singularmente a nuestra izquierda; pero a las cuatro y media de la tarde el enemigo, que tenía 13 batallones y 200 caballos, cuando yo solo contaba con 8 de aquellos y 60 de estos (porque además de la fuerza empleada en Balmaseda me hallé privado del batallón de Zaragoza, que con el jefe de la brigada de vanguardia coronel Castañeda había salido al amanecer a una expedición por objetos importantes de las obras), se presentaba ya en masas de consideración, hasta atreverse a descender a lo mas llano, y sin duda con objeto de ensayar el último esfuerzo sobre nuestra izquierda y centro. Entonces mandé al brigadier Abuín diese una carga con la poca caballería de su mando, apoyada por 5 compañías del primer regimiento de la Guardia mandadas por sus bizarros comandantes Medinilla y Roncalí; y aunque no pudo causar todo el efecto que hubiera deseado, porque el terreno y situación del enemigo impidió llegase bien a fondo, sin embargo le contuvo, y aun le hizo replegarse y conservarle en sus posiciones anteriores por más de hora y media.

El valor y decisión con que estas bizarras compañías sostuvieron dicha carga en medio de un horroroso fuego, son superiores a todo elogio, y han acreditado que son dignas del alto concepto que merecen a V. E. y al ejército. Baste solo decir a V. E., que tuvieron en aquellos momentos 7 oficiales y 127 hombres fuera de combate: la caballería tuvo también en dicha carga bastantes oficiales y  soldados heridos y 27 caballos. A las seis de la tarde, el fuego disminuía ya en toda la línea; pero las tropas combatían desde las diez de la mañana, había diluviado todo el día, continuaba el temporal, y no consideré oportuno campar al frente de fuerzas superiores. Dispuse retirarlas de las posiciones de Santecilla y Gijano, en cuyo movimiento dieron nuestros batallones nuevas pruebas de su acreditado valor, pues cargados vivamente por el enemigo, como tiene de costumbre en semejantes casos, no lograron alterar el orden de nuestros batallones que emprendían su marcha a la voz de sus jefes, la seguían tranquilamente como en un campo de maniobra, y a pesar de las desigualdades del terreno se conservó la unión y regularidad de las columnas defendiendo el terreno palmo a palmo contra el fuego de numerosos tiradores que rodeaban en vano nuestros firmes escalones: en solo media legua de terreno que cedimos de Antuñano a Gijano, y sin más motivo que la conveniencia de las tropas, se tardó más de hora y media.

Los batallones de Castilla, Betanzos y compañías de preferencia de la Reina a las órdenes del acreditado brigadier Peón, formaban los últimos escalones. La noche puso fin al combate, quedando en el Berrón dos batallones a tiro de nuestros cantones de Santecilla y Gijano. Su pérdida fue considerable, y según la gente del país, 4 prisioneros que hicimos, y 39 que se pasaron a nuestras filas, se confirma que solo por el pueblo de Orrantia condujeron más de 300 heridos además de los que llevaron por Campijo y Gordejuela. La mía, según los estados adjuntos, consiste en 28 oficiales y 345 individuos de tropa heridos y contusos, 2 oficiales y 18 de tropa muertos, y un capitán y 5 soldados prisioneros por descuido imprudente en una casa. A mí me cupo la suerte de los primeros, pero mi herida era leve, y me permitió continuar desempeñando mis deberes después de un corto momento de curación.

Las tropas se condujeron con el honor que siempre, y V. E. podrá graduar el mérito que han contraído no solo combatiendo contra fuerzas superiores que no obtuvieron sobre ella la menor ventaja en su corta retirada, sino sufriendo con constancia y entusiasmo las molestias de las lluvias, privaciones y fatigas por tres días consecutivos: tan brillante conducta me ha proporcionado el poder llenar el importante objeto que con ellas me estaba confiado por V. E. de la protección de Balmaseda, cuya comunicación solamente interrumpió el enemigo algunas horas cortando el puente de Arla, que será rehabilitado prontamente: pero viéndose obligado a emprender con precipitación su retirada mas allá de Arciniega a las diez de la noche del 26 al 27 a la sola noticia del movimiento que V. E. emprendió para Murguía, el brigadier comandante general de la 2º división del ejército de operaciones D. Santiago Méndez Vigo, ha aumentado en este día su acreditada reputación desplegando con serenidad y viveza todo el valor y conocimientos militares que le distinguen. El brigadier D. Antonio María Montenegro cumplió con actividad y firmeza cuantos movimientos le fueron prevenidos.

El brigadier D. José María Peen dirigió con serenidad y orden los últimos escalones de nuestra retirada. El brigadier D. Saturnino Abuín estuvo en las diferentes cargas; y a pesar de haber recibido una fuerte contusión de bala, no se separó del campo.

Recomiendo a la consideración de V. E. la brillante conducta de todo el primer regimiento de la Guardia

Real de infantería; al coronel primer comandante D. Luis Rasety, que con su primer batallón resistió al principio sobre Orrantia los esfuerzos de 5 batallones; al segundo comandante del mismo D. Manuel de Goyoneta, que fue herido en aquel punto, y a la 4ª y 8ª compañías del mismo batallón que trabajaron extraordinariamente en su defensa. A los comandantes del segundo batallón D. Joaquín de Medinilla y D. Federico Roncalí, que dirigieron con extraordinaria bizarría las 5 compañías que sostuvieron a la caballería. Todo el regimiento de granaderos de la Guardia Real provincial merece la consideración de V. E., pero singularmente su segundo batallón, su bizarro comandante D. Vicente de Castro, el capitán D. Juan Rojo Pajarro y el teniente D. Javier S. Martin.

Recomiendo igualmente a V. E. al coronel de Soria D. José María Puig, y a los comandantes D. José María de Rojas y D. Antonio de Oro, este último herido en la posición de Antuñano. Al comandante, jefe de la plana mayor de la 2ª división, D. Manuel de Justis por su bizarría y servicios importantes que prestó con su actividad y conocimientos; al capitán, ayudante de la misma, Don José González Zabala, que fue herido; al de igual clase D. Ramón de la Bárcena; a los ayudantes del brigadier Vigo; teniente de la Guardia D. Fausto Elío, y alférez D. Ramón Iriarte. Este oficial marchó en primera fila en las diferentes cargas de caballería. Al teniente de artillería Bustamante que mandaba las piezas de la batería de montaña de la 2ª división. Al teniente de la Guardia Don Ángel Losada, que aunque herido, permaneció largo tiempo en la acción. Es muy digno de recomendación el comandante del escuadrón del Príncipe D. Francisco Curado, que permaneció en la acción a pesar de haberse lastimado en la caída cuando le mataron su caballo. Lo es también el comandante del mismo cuerpo D. Ramón Fornier, a quien le hirieron tres caballos. También son dignos de recomendación los oficiales heridos que constan de la adjunta relación, y particularmente el capitán D. Lorenzo Benítez, quien a pesar de sus tres heridas fue preciso mandarle retirar del campo. El teniente graduado de capitán D. José Rubio Guillén también se distinguió por su valor. El brigadier de ingenieros D. Joaquín Ortiz de Zarate permaneció a mi lado durante la acción y teniendo herido su caballo. El coronel de artillería D. Joaquín Álvarez Maldonado lo verificó también. Mi jefe de plana mayor coronel D. José de Gova cumplió como tiene acreditado, ordenó las cargas, estuvo en una de ellas, y estoy muy satisfecho de su conducta. Los ayudantes de plana mayor de la reserva capitán D. Álvaro Rasety, y teniente D. Jacobo Pezuela, heridos de consideración; los capitanes D. Pedro Mir, D. Ramón Sánchez de Tobar y D. Juan Antonio Martínez, contuso, teniendo el último su caballo muerto, y D. Cayo Muro, se condujeron todos con el honor y bizarría propia de su clase, llevando mis disposiciones adonde fueron convenientes, y uniéndose a las diferentes cargas.

También marchó a una de estas el teniente de artillería D. Francisco Ceballos. Mis ayudantes de campo el teniente coronel graduado D. Ramón Boigues y el capitán  D. J osé Duran llenaron cumplidamente sus deberes, y ambos fueron contusos; el primero desea estar siempre en los peligros; el segundo se unió a una de las cargas de caballería. Los jefes de Castilla y Betanzos, el coronel D. Antonio Banquells, los tenientes coroneles Don Miguel Casanova y D. Ramón Abeleira, y los capitanes de las compañías de preferencia de la Reina, se condujeron a mi satisfacción al sostener la marcha sobre Gijano y Santecilla. Igualmente recomiendo a V. E. los individuos de tropa que más se distinguieron en la acción, según las noticias que acompaño recibidas de los jefes de los cuerpos, rogando a V. E. que si lo tiene a bien se digne elevar a la consideración de S. M. el mérito contraído por estas valientes tropas, siempre prontas a repetir iguales pruebas de adhesión a su Real trono y de amor a las libertades nacionales. Dios guarde a V. E. muchos años.

Cuartel general de Villasana 29 de Abril de 1836 = Excmo. Sr. = Joaquín de Ezpeleta = Excmo. Sr. General en jefe de los ejércitos de operaciones y reserva.

 

Cuerpo de ejército de reserva = P. M. = Estado de la pérdida que han tenido los cuerpos de la segunda división del ejército de operaciones y primera de este cuerpo de ejército en la acción del 25 del corriente en los campos de Orrantia y Antuñano.

 

Segunda división del ejército de operaciones.

Primer batallón del primer regimiento de la Guardia Real de infantería = 2 soldados muertos: 1 jefe, 2 oficiales y 15 soldados heridos: 2 soldados contusos, 1 soldado prisionero.

Segundo del mismo = 3 soldados muertos: 5 oficiales y 109 soldados heridos: 6 oficiales y 12 soldados contusos.

Primer batallón del primer regimiento de granaderos de la Guardia Real provincial = 3 soldados muertos: 1 soldado herido: 2 soldados contusos.

Segundo del mismo = 3 soldados muertos: 1 oficial y 10 soldados heridos: 2 oficiales y 22 soldados contusos: 2 soldados prisioneros.

Primer batallón del regimiento infantería de Soria = 1 oficial y 5 soldados muertos: 1 jefe, 2 oficiales y 33 soldados heridos: 4 soldados contusos.

Segundo del mismo = 1 oficial y 10 soldados heridos: 6 soldados contusos.

 

Primera del cuerpo de reserva.

Tercer batallón del regimiento infantería de la Reina = 1 soldado herido.

Segundo id. id. de Castilla = 3 soldados heridos: 1 oficial y 2 soldados prisioneros.

Regimiento provincial de Betanzos = 1 soldado herido: 1 soldado contuso.

 

Brigada de caballería del mismo.

Regimiento de caballería del Príncipe, 3° de línea = 2 soldados y 9 caballos muertos: 5 oficiales, 17 soldados y 34 caballos heridos.

Id. id. de Extremadura, 3° ligero = 4 caballos muertos: 2 oficiales, 6 soldados y 17 caballos heridos.

Total: 1 oficial, 18 soldados y 13 caballos muertos: 2 jefes, 18 oficiales, 256 soldados y 51 caballos heridos:

8 oficiales y 49 soldados contusos: 1 oficial y 5 soldados prisioneros.

 

Cuartel general de Villasana 26 de Abril de 1836 = El coronel jefe de P. M., José de Cova = V.° B.° = Ezpeleta.

 

Relación nominal de los Sres. jefes y oficiales muertos y heridos en la acción del 26 del actual entre Santecilla y Gijano.

Segunda división del ejército de operaciones = Segundo batallón del primer regimiento de la Guardia Real provincial = Teniente D. Joaquín Moral, contuso. Alférez D. Eduardo Luna, muerto.

 

Cuartel general de Villasana 30 de Abril de 1836 = El coronel jefe de P. M., José de Cova = V.° B.° = Ezpeleta.

 

Fuente:

Parte del general en jefe de los ejércitos de operaciones y reserva desde su cuartel general de Espejo.

Gaceta de Madrid: núm. 512, de 15/05/1836, páginas 2 a 4.

Deja un comentario